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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Conferencia magistral al recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad Autónoma Metropolitana]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Documento</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b>Conferencia magistral al recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="3"><b>Keynote lecture by the reception as doctor Honoris Causa of the Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Pablo Latap&iacute; Sarre*</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Pablo Latap&iacute; Sarre (ciudad de M&eacute;xico, 1927) es doctor en Ciencias de la Educaci&oacute;n por la Universidad de Hamburgo. En 1963 fund&oacute; el Centro de Estudios Educativos, A.C., instituci&oacute;n pionera de la investigaci&oacute;n educativa en M&eacute;xico; fund&oacute; tambi&eacute;n la Revista Latinoamericana de Estudios Educativos. Durante m&aacute;s de treinta y seis a&ntilde;os ha realizado una intensa labor de investigaci&oacute;n, formaci&oacute;n de investigadores y publicaci&oacute;n sobre cuestiones educativas. Es investigador nacional em&eacute;rito del Sistema Nacional de Investigadores y trabaja actualmente en el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educaci&oacute;n, en la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Doctor Jos&eacute; Lema Labadie, rector    <br>     general;    <br>     rectores de las unidades de    <br>     Azcapotzalco, Cuajimalpa, Iztapalapa    <br>     y Xochimilco;    <br>     distinguidos miembros del colegio    <br>     acad&eacute;mico;    <br>     profesores, investigadores y estudiantes    <br>     de esta universidad;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     distinguidos invitados;    <br>     amigos:</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el lenguaje sugerente y evocador de los s&iacute;mbolos, la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana emite hoy un mensaje, a trav&eacute;s de la distinci&oacute;n m&aacute;xima que puede otorgar: mensaje que expresa su reconocimiento a mi trayectoria acad&eacute;mica y a la investigaci&oacute;n educativa del pa&iacute;s que de alguna manera hoy represento ante ustedes; mensaje que expresa tambi&eacute;n su voluntad de hacer manifiesta la afinidad de sus valores institucionales con aquellos que han inspirado mi obra. Recibo y agradezco, profundamente emocionado, esta honrosa distinci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entiendo este doctorado como un reconocimiento a un esfuerzo colectivo, m&iacute;o y de otros muchos colegas, a lo largo de cuarenta a&ntilde;os, por abrir un nuevo campo de investigaci&oacute;n, el de la investigaci&oacute;n educativa en M&eacute;xico; formar a sus investigadores y consolidar sus instituciones. Como ha se&ntilde;alado el rector Adri&aacute;n de Garay en la generosa presentaci&oacute;n que ha hecho de mi persona, me correspondi&oacute; iniciar un proceso que ha madurado al dar carta de ciudadan&iacute;a a las investigaciones sobre la educaci&oacute;n, entendiendo &eacute;sta como el punto de encuentro de numerosas disciplinas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este proceso me han acompa&ntilde;ado muchos investigadores (a quienes no menciono por sus nombres para no incurrir en omisiones), por lo que considero justo hacer extensiva la distinci&oacute;n que hoy recibo a todos ellos, muchos de los cuales est&aacute;n aqu&iacute; presentes. Sin sus contribuciones, el proceso de construir la investigaci&oacute;n educativa como hoy la conocemos en M&eacute;xico no se hubiera dado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una referencia especial debo hacer a los investigadores de la educaci&oacute;n que trabajan en las cuatro unidades de esta Universidad: son muchos efectivamente &#151;y muy apreciados en nuestro gremio&#151;los miembros de la UAM que se dedican a esclarecer los problemas de la educaci&oacute;n del pa&iacute;s; para todos ellos este doctorado constituye tambi&eacute;n un merecido reconocimiento y un signo de la voluntad de esta casa de estudios de fortalecer la investigaci&oacute;n educativa y de intensificar su presencia institucional en la formulaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas educativas nacionales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiero tambi&eacute;n agradecer a mi instituci&oacute;n, el CESU &#151;ahora Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educaci&oacute;n&#151; de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, los muy valiosos apoyos que me ha brindado en el desarrollo de mis actividades acad&eacute;micas; aprecio especialmente el clima de libertad acad&eacute;mica, confianza y compa&ntilde;erismo que en &eacute;l prevalece.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y como los logros de la vida acad&eacute;mica son inseparables de las coordenadas m&aacute;s amplias en que nos realizamos los seres humanos, deseo hacer, en esta importante ocasi&oacute;n, un cari&ntilde;oso reconocimiento a mi esposa Mar&iacute;a Matilde: durante treinta a&ntilde;os ella me ha acompa&ntilde;ado cotidianamente en todos mis pasos, y &#151;lo que es m&aacute;s&#151; construimos juntos nuestras certezas y nuestras respuestas, desde la fe que compartimos, a las preguntas &uacute;ltimas de la vida humana. Por todo esto, Mar&iacute;a Matilde, este doctorado es tambi&eacute;n tuyo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se me ha pedido pronunciar una conferencia magistral en esta solemne ocasi&oacute;n, que sea un mensaje a esta comunidad universitaria &#151;sus autoridades, profesores, investigadores, estudiantes y trabajadores&#151;. Lo considero un gran privilegio y me propongo compartir con ustedes algunas reflexiones sobre los riesgos que enfrentan hoy las universidades mexicanas. Son preocupaciones personales, cr&iacute;ticas, que pueden entenderse como advertencias o se&ntilde;ales de alerta. No todos estar&aacute;n de acuerdo con ellas, desde luego &#151;la universidad es una instituci&oacute;n hecha para la disidencia&#151;; ruego respetuosamente a quienes no las compartan considerarlas al menos como proposiciones que merecen discutirse.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las universidades del pa&iacute;s viven hoy transiciones dif&iacute;ciles. Las presiones demogr&aacute;ficas y sociales, las exigencias pol&iacute;ticas, las angustias presupuestales, los cambios culturales y educativos y, sobre todo, los retos de la econom&iacute;a nacional e internacional, las abruman y las enfrentan a decisiones nada f&aacute;ciles. Se les exige calidad, se las obliga a modernizarse, a ser eficientes, a preparar los cuadros que requiere el mercado, a desarrollar una cultura empresarial, a innovar en sus m&eacute;todos pedag&oacute;gicos y en sus procesos de gesti&oacute;n, a evaluarse y acreditarse sobre bases s&oacute;lidas, y se les propone la "sociedad del conocimiento" como el paradigma obligado del futuro: si el conocimiento es &#151;y lo ser&aacute; cada vez m&aacute;s&#151; el eje vertebrador de las econom&iacute;as globalizadas, corresponde a los sistemas educativos y sobre todo a las universidades generar, proveer y distribuir ese conocimiento indispensable. Ustedes &#151;funcionarios, profesores y estudiantes&#151; conocen mejor que yo lo que implican estos retos y sufren todos los d&iacute;as en carne propia sus consecuencias.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi mensaje hoy consistir&aacute; en plantear cuatro preocupaciones cr&iacute;ticas ante algunos equ&iacute;vocos que est&aacute;n provocando estos retos, preocupaciones que surgen de mi manera personal de entender lo que es la educaci&oacute;n y lo que es la universidad, de una "filosof&iacute;a educativa" (si queremos llamarla as&iacute;) que he construido a lo largo de mi vida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Primera preocupaci&oacute;n: el objetivo de la "excelencia"</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy se proclama como obligatorio para las universidades el ideal de la "excelencia": la instituci&oacute;n debe ser excelente, los programas de formaci&oacute;n y los profesores tambi&eacute;n, y los estudiantes deben aspirar a ser excelentes y a demostrarlo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perm&iacute;tanme decirles que considero este ideal de la excelencia una aberraci&oacute;n. "Excelente" es el superlativo de "bueno"; excelente es el que <i>excellit, </i>el que sobresale como &uacute;nico sobre todos los dem&aacute;s; en la pr&aacute;ctica, el perfecto. En el &aacute;mbito educativo, hablar de excelencia ser&iacute;a leg&iacute;timo si significara un proceso gradual de mejoramiento, pero es atroz si significa perfecci&oacute;n. Educar siempre ha significado crecimiento, desarrollo de capacidades, maduraci&oacute;n, y una buena educaci&oacute;n debe dejar una disposici&oacute;n permanente a seguirse superando; pero ninguna filosof&iacute;a educativa hab&iacute;a tenido antes la ilusoria pretensi&oacute;n de proponerse hacer hombres perfectos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo creo que la excelencia no es virtud; prefiero, con el poeta, pensar que "no importa llegar primero, sino llegar todos, y a tiempo". El prop&oacute;sito de ser excelente conlleva la trampa de una secreta arrogancia. Mejores s&iacute; podemos y debemos ser; perfectos, no. Lo que una pedagog&iacute;a sana debe procurar es incitarnos a desarrollar nuestros talentos, preocup&aacute;ndonos por que sirvan a los dem&aacute;s. Querer ser perfecto desemboca en el narcisismo y el ego&iacute;smo. Si somos mejores que otros &#151;y todos lo somos en alg&uacute;n aspecto&#151; debemos hacernos perdonar nuestra superioridad, lo que lograremos si compartimos con los dem&aacute;s nuestra propia vulnerabilidad y ponemos nuestras capacidades a su servicio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre este tema escrib&iacute; alguna vez: "La perfecci&oacute;n no es humana. Somos esencialmente vulnerables; nuestra contingencia acompa&ntilde;a todos nuestros pasos y debi&eacute;ramos sentirnos siempre prescindibles. Somos ida y regreso entre anhelo y desilusi&oacute;n, mezcla de mal y bien, ensayo muchas veces fallido. Vivimos unos cuantos instantes espl&eacute;ndidos para regresar a la comprobaci&oacute;n reiterada de que el Bien absoluto nos queda grande. Por esto es buena la historia y son buenos los cl&aacute;sicos: nos acercan a la maravilla de nuestra imperfecci&oacute;n consustancial".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A sus ochenta y cinco a&ntilde;os Jorge Luis Borges escribi&oacute;: "Si pudiera vivir nuevamente mi vida/ en la pr&oacute;xima tratar&iacute;a de cometer m&aacute;s errores./ No intentar&iacute;a ser tan perfecto/ me relajar&iacute;a m&aacute;s, ser&iacute;a m&aacute;s tonto de lo que he sido.../ Si pudiera volver a vivir viajar&iacute;a m&aacute;s liviano./ Si pudiera volver a vivir comenzar&iacute;a a andar descalzo a principios de la primavera/ y seguir&iacute;a as&iacute; hasta concluir el oto&ntilde;o &#91;...&#93;"</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La antinomia de ser mejor sin por ello separarnos de los otros, de ser fuertes sin por ello usar el poder para oprimir, de ser seguros sin por ello ser arrogantes, seguir&aacute; siendo un reto educativo dif&iacute;cil, siempre irresuelto, como tantos otros retos propios de nuestra condici&oacute;n humana que nos obligan a caminar por desfiladeros donde nos acechan precipicios por ambos lados. No demos, por tanto, medallas de excelencia a nadie; esas medallas ocultan muchas veces un coraz&oacute;n perverso.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Formemos a nuestros estudiantes en la realidad. Invit&eacute;moslos a desarrollar su autoestima y a ser mejores y a madurar, pero asumiendo siempre su riesgosa condici&oacute;n humana, y a estrechar lazos solidarios con todos, sobre todo con los m&aacute;s d&eacute;biles.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Segunda preocupaci&oacute;n: la definici&oacute;n de calidad de la educaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior nos lleva directamente al tema m&aacute;s vasto de la calidad. Las universidades de todo el mundo, tambi&eacute;n las nuestras, est&aacute;n hoy presionadas por la exigencia de calidad; el problema es que, al parecer, nadie cuenta con una definici&oacute;n de calidad plenamente convincente. Se han identificado factores que indiscutiblemente influyen en lograr una mejor educaci&oacute;n, tanto en la infraestructura como en los programas y en los m&eacute;todos de ense&ntilde;anza, y se aplican medidas para reforzar estos factores. En contraparte, se conocen las malas pr&aacute;cticas que impiden la calidad. Algunos identifican &eacute;sta con los resultados que obtienen los estudiantes en sus ex&aacute;menes y juegan con las estad&iacute;sticas, e incluso se complacen en establecer ordenamientos enga&ntilde;osos de instituciones o programas. El hecho es que carecemos de una definici&oacute;n clara de la calidad que perseguimos y que debemos demostrar, y el debate sigue abierto y probablemente lo siga as&iacute;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A m&iacute; me preocupa, primero, que se confunda la calidad con el aprendizaje de conocimientos, lo que simplifica el problema falsamente pues la educaci&oacute;n no es s&oacute;lo conocimiento. Me preocupa tambi&eacute;n que se establezcan comparaciones de escuelas o instituciones que ignoran las diferencias entre contextos o las circunstancias de los estudiantes, a veces abismalmente distintas. Y me preocupa sobre todo que la calidad educativa se confunda con el "&eacute;xito" en el mundo laboral, definido &eacute;ste por referencia a los valores del sistema.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es una perversi&oacute;n inculcar a los estudiantes una filosof&iacute;a del &eacute;xito en funci&oacute;n de la cual deben aspirar al puesto m&aacute;s alto, al mejor salario y a la posesi&oacute;n de m&aacute;s cosas; es una equivocaci&oacute;n pedag&oacute;gica llevarlos a la competencia despiadada con sus compa&ntilde;eros porque deben ser "triunfadores". Para que haya triunfadores &#151;me pregunto&#151;, &iquest;no debe haber perdedores pisoteados por el ganador? &iquest;No somos todos necesariamente y muchas veces perdedores, que, al lado de otros perdedores, debemos compartir con ellos nuestras comunes limitaciones? Cr&iacute;ticas semejantes habr&iacute;a que hacer al concepto de "l&iacute;der" que pregonan los idearios de algunas universidades, basado en la autocomplacencia, el ego&iacute;smo y un profundo menosprecio de los dem&aacute;s. Una educaci&oacute;n de calidad, en cambio, ser&aacute; la que nos estimule a ser mejores pero tambi&eacute;n nos haga comprender que todos estamos necesitados de los dem&aacute;s, que somos "seres&#150;en&#150;el&#150;l&iacute;mite", a veces triunfadores y a veces perdedores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seguramente la baja calidad educativa tiene que ver con una multiplicidad de factores, y estoy de acuerdo en que, para efectos de macroplaneaci&oacute;n, se la defina, como suele hacerse, por la concurrencia de los cuatro criterios tradicionales del desarrollo de un sistema educativo: eficacia, eficiencia, relevancia y equidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto dicho y aceptado, quiero sugerir una concepci&oacute;n de la calidad a la que regreso siempre que reflexiono sobre el tema: hablando como educador, creo que la calidad arranca en el plano de lo micro, en la interacci&oacute;n personal y cotidiana del maestro con el alumno y en la actitud que &eacute;ste desarrolle ante el aprendizaje.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchas veces me he preguntado: &iquest;qu&eacute; fue lo que hubo en mi educaci&oacute;n que yo considero que la hizo, al menos en ciertos momentos, buena o muy buena? &iquest;Qu&eacute; hicieron mis educadores &#151;mis padres, maestros, hermanos mayores y compa&ntilde;eros de clase&#151; para que esa educaci&oacute;n fuese buena? Si tuviera que resumir en una frase mi respuesta, dir&iacute;a que mis educadores me aportaron calidad cuando lograron transmitirme est&aacute;ndares que me invitaban a superarme. Progresivamente, de muchas maneras, en diversas &aacute;reas de mi desarrollo humano &#151;en los conocimientos, en las habilidades, en la formaci&oacute;n de mis valores&#151;, mis educadores, adem&aacute;s, me incitaron a compararme con esos est&aacute;ndares, a comprender que hab&iacute;a algo m&aacute;s arriba, que yo pod&iacute;a dar m&aacute;s, es decir, me ayudaron a formarme un h&aacute;bito razonable de autoexigencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s vine a saber que &eacute;sta era precisamente la definici&oacute;n de calidad que daba Ortega y Gasset: la capacidad de exigirnos m&aacute;s. Una educaci&oacute;n de calidad es, por tanto, para m&iacute;, la que forma un h&aacute;bito razonable de autoexigencia. Y digo "razonable" para no caer en un perfeccionismo enfermizo o en un narcisismo destructivo. La b&uacute;squeda de ser mejor debe ser razonable, moderada por la solidaridad con los dem&aacute;s, el esp&iacute;ritu de cooperaci&oacute;n y el sentido com&uacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tendr&iacute;amos as&iacute; una definici&oacute;n formal de la calidad educativa; "formal" porque los est&aacute;ndares de mejoramiento pueden aplicarse a asuntos diversos, y las diferentes visiones del mundo y apreciaciones valorales dar&aacute;n contenidos distintos a esta definici&oacute;n formal.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo, por tanto, que buscar una educaci&oacute;n de calidad no es inventar cosas extravagantes (como llenar las aulas de equipos electr&oacute;nicos o multiplicar teleconferencias con premios N&oacute;bel), sino saber regresar a lo esencial. Veamos un ejemplo: un cuaderno de composici&oacute;n de Espa&ntilde;ol, corregido con l&aacute;piz rojo, en el que el profesor explica el por qu&eacute; de cada correcci&oacute;n, est&aacute; transmitiendo "est&aacute;ndares de superaci&oacute;n" y llevando al estudiante a comprender que hay mejores maneras de utilizar el lenguaje, que &eacute;l puede escribir mejor, y lo motiva para exigirse m&aacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta concepci&oacute;n de la calidad educativa descansa en dos supuestos: que para poder transmitir calidad es necesario reconocerla, y que para poder reconocerla es necesario tenerla. No hay en esto c&iacute;rculos viciosos ni tautolog&iacute;as, sino el reconocimiento de que la educaci&oacute;n es en esencia un proceso de interacci&oacute;n entre personas, y de que la calidad depende decisivamente de la del educador.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los educadores abordamos el problema de la calidad no desde teor&iacute;as empresariales de la "calidad total" ni desde la preocupaci&oacute;n por mejorar nuestra "oferta" comercial para triunfar en la competencia, sino desde perspectivas existenciales m&aacute;s profundas; queremos transmitir a los j&oacute;venes experiencias personales en virtud de las cuales adquirimos nuestra propia visi&oacute;n de lo que es una vida de calidad, y nos esforzamos por que el estudiante llegue a ser &eacute;l mismo, un poco mejor cada d&iacute;a, inculc&aacute;ndole un h&aacute;bito razonable de autoexigencia que lo acompa&ntilde;e siempre.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al fin de cuentas los educadores s&oacute;lo transmitimos lo que somos, lo que hemos vivido: algo de sabidur&iacute;a y algunas virtudes venerables que no pasan de moda; un poco de compasi&oacute;n y solidaridad; respeto, veracidad, sensibilidad a lo bello, lealtad a la justicia, capacidad de indignaci&oacute;n y a veces de perd&oacute;n, y algunos est&iacute;mulos para que nuestros alumnos descubran su libertad posible y la construyan.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es poco; pero si los j&oacute;venes y las j&oacute;venes recogen estas ense&ntilde;anzas y si adem&aacute;s se toman a s&iacute; mismos con sentido del humor, podr&aacute;n cumplir decorosamente con el cometido de convertirse en hombres y mujeres cultivados, que est&eacute;n a la altura de hacerse cargo de s&iacute; mismos y de los dem&aacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b>Tercera preocupaci&oacute;n: el conocimiento del que se trata en la "sociedad del conocimiento"</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se propone hoy a las instituciones de ense&ntilde;anza superior, como dije al principio, asumir el paradigma de la "sociedad del conocimiento" para normar sus transformaciones: ante la globalizaci&oacute;n ineluctable, ellas deben esmerarse &#151;dice el discurso ortodoxo&#151; en proveer el conocimiento que requieren los pa&iacute;ses para su desarrollo. Pero no se especifica, por lo general, cu&aacute;l es ese conocimiento; m&aacute;s bien se da por entendido que se trata sobre todo del conocimiento necesario para conquistar los mercados, o sea el conocimiento pr&aacute;ctico, aplicado, el vinculado a la econom&iacute;a, el que produce innovaciones rentables y asegura el &eacute;xito en la competencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perm&iacute;taseme tambi&eacute;n cuestionar esta gloriosa bandera de la "sociedad del conocimiento" que se hace ondear como ideal obligatorio de toda instituci&oacute;n de educaci&oacute;n superior, no porque no sea un ideal v&aacute;lido sino porque es incompleto y equ&iacute;voco. El conocimiento que requieren las sociedades no es s&oacute;lo el vinculado a la econom&iacute;a, sino otros muchos tipos de conocimiento. Las universidades no existen s&oacute;lo para crear y promover el conocimiento econ&oacute;micamente &uacute;til, sino todas las formas de conocer que requiere una sociedad. Por esto sostenemos que ellas son el hogar leg&iacute;timo de la filosof&iacute;a y las humanidades, de la historia, del teatro, la poes&iacute;a y la m&uacute;sica; defendemos tambi&eacute;n el profundo sentido humano de las ciencias naturales, y afirmamos el valor de lo in&uacute;til y de lo gratuito como parte de la misi&oacute;n de la universidad. Por esto tambi&eacute;n creemos en lo valioso de la convivencia de los diferentes en las comunidades universitarias, tan propia de nuestras universidades p&uacute;blicas. Por tanto, decimos "s&iacute;" a la sociedad del conocimiento que incluya la universalidad de los saberes humanos, y advertimos contra la trampa de convertir a las universidades en f&aacute;bricas de inventos pr&aacute;cticos; aquellas son creaciones del <i>homo sapiens, </i>no las reduzcamos a talleres del <i>homo faber.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Hay que vincularse con las demandas de la econom&iacute;a? Por supuesto. &iquest;Hay que formar profesionistas competitivos ante los retos de la globalizaci&oacute;n? Totalmente de acuerdo. &iquest;Hay que desarrollar investigaci&oacute;n aplicada, vinculada a los requerimientos de las empresas? Nadie lo duda, con tal de definir sus condiciones. Pero al enfrentar estas demandas, no hay que olvidar que la universidad es algo m&aacute;s: no es un ap&eacute;ndice de la empresa, sino una instituci&oacute;n responsable de generar, proteger y difundir todos los tipos de conocimiento que requiere el pa&iacute;s, incluso los aparentemente improductivos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y quiero decir algo m&aacute;s en relaci&oacute;n con este tema: la universidad actual deber&iacute;a ser un baluarte contra el devastador proceso de comercializaci&oacute;n total al que est&aacute; llevando la entronizaci&oacute;n del mercado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta etapa extrema del capitalismo, la globalizaci&oacute;n est&aacute; llevando a la mercantilizaci&oacute;n del mundo. Hoy se consideran mercanc&iacute;as muchos bienes primarios que condicionan la existencia; se vende el agua que nos es indispensable y viene del cielo, se la industrializa, exporta y anuncia; pronto seguir&aacute;n el aire y el sol. La salud hace mucho que se comercia en un mercado altamente tecnificado. Hoy se venden los conocimientos tradicionales, patentados por laboratorios transnacionales que se los apropian sin dar cr&eacute;dito a su origen, y se habla con todo rigor de "industrias culturales", reduciendo obras del esp&iacute;ritu y de la creatividad humana a la categor&iacute;a de simples mercanc&iacute;as.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La dimensi&oacute;n mercantil se extiende ya a todos los dominios de la vida; todos los d&iacute;as surgen nuevas mercanc&iacute;as sutiles, ingeniosas, muchas imaginarias y casi todas prescindibles; ya no son cosas ni servicios; son <i>commodities, </i>satisfactores de caprichos, inventos de la publicidad, im&aacute;genes virtuales que halagan la vanidad o explotan los miedos o los remordimientos. Todo se vale para vender porque toda venta hace avanzar al capital, aunque sea a costa del sentido com&uacute;n y de nuestra dignidad, y los hombres vamos cayendo, sin darnos cuenta, en redes invisibles de dependencia que disminuyen nuestra libertad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cultura de la mercanc&iacute;a va modificando nuestros valores, la conciencia de lo que somos y aun la memoria de lo que fuimos, as&iacute; como los l&iacute;mites de lo que definimos como posible y deseable. Hemos perdido aquel antiguo sentido de lo tr&aacute;gico que nos hab&iacute;a legado Grecia, con sus mitos, dioses y pasiones. Y ya no sabemos disfrutar de las puestas de sol porque son, todav&iacute;a, gratuitas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al <i>homo mercantilis </i>no le interesan las preguntas de la Esfinge; no ahonda sus enigmas ni se tortura con sus perplejidades; ya no entiende que su plenitud humana requiere, a veces, apostar por una incertidumbre o saltar al &aacute;mbito de la generosidad, &aacute;mbito que por definici&oacute;n est&aacute; fuera del mercado y es condenado por &eacute;l.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante esta era de la mercanc&iacute;a total, ante este intento mundial de convertirnos a todos en mercaderes, la universidad, creo, tiene una misi&oacute;n: no dejarse llevar acr&iacute;ticamente por el juego de las complicidades del mercado &#151;en las carreras que abre, en las investigaciones que emprende o en los servicios que presta&#151; sino alertar contra los abusos de este proceso: las rapacidades que est&aacute;n acabando con la naturaleza y con el planeta y amenazan la maravilla de la vida, las perversiones psicol&oacute;gicas de la publicidad, el poder incontrolado de la TV, y &#151;lo que est&aacute; en el fondo de todo esto&#151; el af&aacute;n de lucro por arriba de todo. La universidad debe promover el rescate de nuestra humanidad disminuida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debatamos, por tanto, estas cuestiones al definir las responsabilidades de la universidad contempor&aacute;nea.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cuarta preocupaci&oacute;n: romper la prisi&oacute;n del conocimiento racional</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se dice que las universidades son los templos de la raz&oacute;n. Es verdad, porque en ellas se ense&ntilde;a a pensar y se hace ciencia, se discuten epistemolog&iacute;as y se destruyen prejuicios irracionales. Sus profesiones y sus investigaciones descansan en el conocimiento &#151;en el conocimiento racional&#151;, y el respeto a las reglas de &eacute;ste es lo que les da su legitimidad.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me pregunto si no hay, tambi&eacute;n aqu&iacute;, un equ&iacute;voco o una contradicci&oacute;n con la pretensi&oacute;n de la universidad de educar, porque la educaci&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; del conocimiento racional. La educaci&oacute;n, para m&iacute;, ni empieza ni termina en los territorios de la raz&oacute;n. Abraza otras formas de desarrollo de nuestro esp&iacute;ritu; las que hoy empiezan a vislumbrar las teor&iacute;as de las inteligencias m&uacute;ltiples y de la inteligencia emocional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo mejor de la educaci&oacute;n que yo recib&iacute; &#151;y creo haber recibido una educaci&oacute;n intelectualmente exigente&#151; fue precisamente lo no&#150;racional, la apertura a dimensiones humanas que considero esenciales: el mundo simb&oacute;lico y art&iacute;stico, el &aacute;mbito de lo dionis&iacute;aco, el orden de la &eacute;tica que fundamenta la dignidad de nuestra especie, y el de las virtudes humanas fundamentales, sobre todo el respeto a los dem&aacute;s y a la vida. Me horroriza una educaci&oacute;n que excluya la compasi&oacute;n, que renuncie a la b&uacute;squeda de significados o que cierre las puertas a las posibilidades de la trascendencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Releo con frecuencia este verso de Octavio Paz:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Soy hombre. Duro poco    <br>     y es enorme la noche.    <br>     Pero miro hacia arriba:    <br>     </i><i>Las estrellas escriben.    <br>     Sin entender comprendo:    <br>     tambi&eacute;n soy escritura,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     y en este mismo instante    <br>     Alguien me deletrea.</i></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las universidades que nacieron antes de la Ilustraci&oacute;n y el racionalismo y sobrevivir&aacute;n cuando las influencias de esas &eacute;pocas den lugar a otras, deber&iacute;an mantenerse abiertas a otras formas de conocimiento y a los misterios del hombre inexplicado (el "sin entender comprendo", que dec&iacute;a Octavio Paz). Ser&iacute;a lamentable que se entendiesen las "sociedades del conocimiento" como confinadas al conocimiento de la sola raz&oacute;n y olvidasen en su labor educativa los &aacute;mbitos poco explorados pero esenciales del desarrollo humano que rebasan lo racional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto nos lleva tambi&eacute;n a considerar cr&iacute;ticamente el concepto de ciencia que prevalece en la universidad contempor&aacute;nea, concepto exitoso por los avances vertiginosos de las ciencias y de sus aplicaciones tecnol&oacute;gicas, pero peligroso si se absolutiza como el &uacute;nico conocimiento v&aacute;lido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debe hacerse ciencia siguiendo sus reglas y m&eacute;todos, pero sin olvidar que la verdad cient&iacute;fica, siempre provisoria, no rebasa la validez de sus m&eacute;todos. Es importante tomar conciencia de lo que sabemos pero tambi&eacute;n de lo que no sabemos, y pedir a las filosof&iacute;as de la ciencia que nos precisen el alcance y el significado de &eacute;sta, a partir de la dial&eacute;ctica entre lo que sabemos y lo que ignoramos. Es mala la ciencia que destruye el asombro, esa actitud presente en los grandes cient&iacute;ficos que suelen ser modestos, alejados de la autosuficiencia, habituados a dudar y a admirar, callar y contemplar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entendida as&iacute;, la ciencia se hace eco de esta sentencia de un rabino jas&iacute;dico que refiere Mart&iacute;n Buber: "O&iacute;d, o&iacute;d, o&iacute;d: el mundo est&aacute; lleno de grandes misterios y de luces formidables que el hombre intenta ocultar con su mano diminuta". Sobre esto escrib&iacute; alguna vez: "Saber que no se sabe conlleva perplejidades que rebasan el plano de la raz&oacute;n y conducen a otras dimensiones de la conciencia: el verdadero cient&iacute;fico se sorprende de que, siendo el hombre parte de la naturaleza, pueda pensar la totalidad de esa naturaleza; de que estando destinado a morir, pueda imaginarse trascender, y de que estando sumido en el mal, pueda aspirar a una reconciliaci&oacute;n definitiva. El asombro es una apertura de nuestro esp&iacute;ritu hacia formas no&#150;racionales de conocimiento, un puente salvador entre la peque&ntilde;a verdad cient&iacute;fica y verdades quiz&aacute; absolutas a las que hoy s&oacute;lo aspiramos".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las universidades deber&iacute;an profundizar en la naturaleza del conocimiento cient&iacute;fico y sus limitaciones: al conocimiento cient&iacute;fico que busca explicaciones hay que a&ntilde;adir el "conocimiento cultural" que busca significados. El primero es &#151;podr&iacute;amos decir&#151; "computacional", asume que la actividad fundamental de nuestra mente es procurar informaci&oacute;n, y que &eacute;sta es finita, un&iacute;voca, codificable, precisa y sujeta a comprobaci&oacute;n. El segundo, el cultural, acepta que nuestra mente no existir&iacute;a si no fuese por la cultura, y que por tanto lo que conocemos est&aacute; dado por relaciones de significado, las cuales dependen de los s&iacute;mbolos creados por cada comunidad cultural, empezando por el lenguaje. Por esto la mente humana tiene una naturaleza diferente de la de la computadora m&aacute;s perfecta; puede descubrir y descifrar significados diferentes de un mismo hecho. Su funci&oacute;n distintiva es comprender, m&aacute;s all&aacute; de la funci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico qu&eacute; es explicar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un autor, Jerome Bruner <i>(The culture of education, </i>Harvard University Press, 1996), se&ntilde;ala perspicazmente que la concepci&oacute;n del conocimiento que est&aacute; en la base de la ciencia moderna ha resultado en un empobrecimiento de la educaci&oacute;n, y quiz&aacute; est&aacute; propiciando que nuestra especie se desarrolle en una sola direcci&oacute;n, cercenando posibilidades de su dotaci&oacute;n gen&eacute;tica y espiritual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anotemos estas inquietudes, estas sospechas en nuestra agenda de reflexiones sobre nuestro quehacer como universitarios.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">He compartido con ustedes cuatro preocupaciones personales que ata&ntilde;en hoy a nuestras universidades y que, a mi juicio, ameritan discutirse: primero, el ideal de la "excelencia" que considero perverso; segundo, los equ&iacute;vocos de la calidad educativa, sugiriendo que enfaticemos la calidad en la interacci&oacute;n maestro&#150;alumno y la centremos en formar h&aacute;bitos de autoexigencia; tercero, el error de sostener una "sociedad del conocimiento" que contemple s&oacute;lo el conocimiento &uacute;til a la econom&iacute;a y subordine la universidad a la empresa, y cuarto, lo que llam&eacute; "la prisi&oacute;n del conocimiento racional", prisi&oacute;n que hay que romper para abrir la educaci&oacute;n a otras dimensiones del ser humano, incluyendo una revisi&oacute;n del sentido del hacer cient&iacute;fico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al expresar estas preocupaciones he mezclado valoraciones personales que provienen, como dije al principio, de una filosof&iacute;a de la educaci&oacute;n que fui construyendo &#151;sin querer y queriendo&#151; a lo largo de muchos a&ntilde;os y en la que creo. No pretendo que todos ustedes est&eacute;n de acuerdo con cuanto he dicho; s&oacute;lo he intentado ofrecer algo de mi experiencia personal para agradecer de alguna manera la distinci&oacute;n que hoy me otorga generosamente esta universidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los educadores proclamamos que no ha llegado el fin de la historia; que &eacute;sta siempre est&aacute; reinici&aacute;ndose, que s&iacute; hay otras alternativas y que nos toca crearlas. Por esto continuaremos corriendo tras nuestras utop&iacute;as y experimentando los riesgos de nuestra precaria libertad, que son formas de decir que seguimos teniendo esperanza.</font></p>      ]]></body>
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